martes, 27 de noviembre de 2012

Nidos


Voy a sentarme a decansar.
Solo descansar, descansar en su máxima expresión. Voy a sentir la tranquilidad con cada fibra de mi ser. Cada músculo, cada pelo, cada tensión se achata, se vuelve liso, suave y dominable.
Empiezo a disfrutar de este descanso.
Entonces, la tranquilidad hace un nido en una de mis articulaciones. Luego en otra, y en otra. Al cabo de un tiempo, todo mi cuerpo está lleno de nidos de tranquilidad.
La tranquilidad pone huevos en esos puntos clave. Los huevos se rompen, las crías crecen. Se vuelven pesadas.
Me pesan las articulaciones.
Me pesa el cuerpo.
No puedo moverme.
En ese momento, el miedo anida en mi pecho. Las crías del miedo crecen y trepan por mi garganta. Suben empujadas por una necesidad indomable, clavando sus pequeñas pero potentes garras en mis cuerdas vocales. Luchan por liberarse de la viscosidad de mi saliva y llegan hasta el colchón de mi lengua.
Pero el grito queda callado para siempre en la pesada jaula de mi dentadura.

Grillito Espacial

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